El débil también puede ser manipulador

97818459002121.jpg

Dominar es, más que una ciencia, un arte. Exige maniobras: las mismas que ejerce un líder, político o religioso. Tácticas de Poder en Jesucristo trata sobre esto de modo magistral con la pluma de Jay Haley. Que era psicoanalista y no descubridor de un cometa (?)

“Un individuo consigue poder cuando logra ser aceptado como aquél que determina lo que va a suceder”, dice al autor. También dice que “El poder es la posibilidad de determinar lo que ocurrirá. Tácticas son las maniobras para obtener control sobre el mundo social. Una persona tiene poder si puede ordenar a otra que se comporte de cierta manera, pero también si puede provocar este comportamiento”.

Las tácticas de poder pueden ser usadas por el más débil para contrarrestar al más fuerte. La elección de Jesús —que desató predecibles polémicas en su momento— no fue arbitraria: un modesto habitante de Judea, que en su tiempo desafió a los ricos y a los hombres del César, se convirtió en líder mundial y su influencia no cesa después de dos milenios. Haley no interpreta esa trascendencia como prueba la deidad de Cristo sino de su capacidad dominante.

Permiten que el débil controle al resto, aun en las situaciones menos favorables.

El etólogo Konrad Lorenz, autor de un famoso libro sobre la agresión, descubrió las inhibiciones de ciertos animales, que no pueden rematar a su víctima.

Cuando un congénere está por derrotarlo en pelea, el lobo mal herido se abandona y ofrece la yugular. Este acto, de aparente entrega, lo pone en control; es él (no el agresor) quien determina “lo que va a suceder”. Esto lo ubica “por encima”, y el otro animal, que estaba por matarlo, desiste.

Por eso, ya lo sabe. Hay que ofrecer la yugular cuando esté por perder. Así, al menos, uno elige y se permite ser un perdedor (?)

Anuncios