La redistribución de la sanata (?)

Suele extenderse nuestra presidente en consideraciones sobre el carácter redistributivo del impuesto por derechos de exportación. ¿Qué significa esto? En la inteligencia de la presidente, las denominadas retenciones sirven para actuar de consuno con las enseñanzas de Robin Hood: se le saca a plata a los ricos para dársela a los pobres.
¿Cual es el error de este pseudo-argumento que tanto utiliza la presidente? El único y exclusivo elemento redistributivo con que cuenta el Estado es el impuesto a las ganancias. Los derechos de exportación, en cambio, el Estado los utiliza con dos fines que poco tienen que ver con lo redistributivo: 1) subsidiar las tarifas de los servicios públicos; 2) aumentar los ingresos en las rentas generales de la Nación, que a su vez el Jefe de Gabinete “redistribuye” (?) en forma discrecional.
Los países serios a los que pretenden imitar los funcionarios del gobierno nacional obtienen la recaudación del impuesto a las ganancias casi en un ochenta por ciento (80%) de las personas físicas, siendo la recadudación restante preveniente de las utilidades de las personas jurídicas o sociedades. Dado que el principal objetivo del impuesto es satisfacer el propósito redistributivo, la tributación de las ganancias de las empresas es de difícil justificación ya que sus efectos redistributivos son de dudosa eficacia. Esto se debe, esencialmente, a que la preocupación redistributiva concierne a personas, ricas y pobres, no a empresas.
¿Qué significa esto en lenguaje coloquial? Que usted puede tener participaciones en una sociedad anónima. Las ganancias de la sociedad no pagan en principio impuesto a las ganancias. ¿Quién lo paga? Lo paga usted, en tanto socio, al recibir las utilidades. ¿Por qué se utiliza este mecanismo en los países desarrollados? Porque al gravarse a la persona física el Estado puede redistributir ese impuesto en servicios para el bien común. Empero, si se grava las ganancias de las sociedades, esta últimas lo precalculan y lo incorporan a sus costos, que termina pagando el consumidor. Para ser claro: cuando usted compra un chocolate, dentro del precio que paga usted está oblando un treinta y tres por ciento (33%) que es el impuesto a las ganancias que tendrá que pagar el año que viene la sociedad anónima vendedora del chocolate.
En la Argentina, el casi el ochenta por ciento del Impuesto a las Ganancias (que la gente mayor denomina amablemente “impuesto a los réditos”) se recauda en cabeza de las sociedades, y el veinte por ciento restante proviene de personas físicas.
En conclusión, el Impuesto a las Ganancias, que es la herramienta redistributiva más poderosa en materia tributaria, no sirve para redistribuir tal como está regulado hoy día. Para que adquiriera ese carácter, debiera eliminarse toda exención de las rentas financieras, de las operaciones de Bolsa e incorporarse al impuesto las rentas personales provenientes de los dividendos de una sociedad. Interín, lo único que se redistribuye es la sanata (?)

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