Los pactos deshonrados (?)

Es por todos conocida la locución latina “Pacta Sunt Servada”: Significa, ni mas ni menos que, “los pactos deben honrarse”.

Viene a colación esta frase con motivo de la re-estatización de Aerolíneas Argentinas. En primer lugar, porque el Estado argentino, al momento de la privatización de la línea de bandera, prometió no volver, bajo ninguna circunstancia, a retomar el control societario de la compañía. Es promesa integra el orden jurídico argentino y, al parecer, va a ser incumplida prontamente. En segundo lugar, porque la Secretaría de Transporte habría firmado un acta acuerdo con los tenedores accionarios actuales de la compañía a efectos de determinar el protocolo a seguir para la recompra del capital accionario por parte del Estado. Ese acta, al parecer, va a ser repudiada e incumplida por el Congreso Nacional, por vía de ley.

Sin entrar a considerar el fondo de la cuestión, en orden al mérito, oportunidad o conveniencia de la re-estatización de Aerolíneas Argentinas, sorprende la falta de calificación técnica -en cuanto a lo jurídico- de los altos grados dirigenciales de nuestro país como para generar anticuerpos republicanos que impidan volver contra los propios actos del Estado.

Honrar los pactos es una de las bases fundacionales de la confianza que la sociedad. Esa confianza opera en forma bifronte. Hacia fuera (la confianza que el resto de los países nos tienen) y hacia adentro (la confianza que los ciudadanos tienen para con su Estado).

La violación del principio de confianza se da cuando el obligado no considera un precepto absoluto el cumplimiento de la palabra empeñada, sino sólo una alternativa entre otras que podría escoger, estando dispuesto a ignorarla si aparecen otras alternativas menos desfavorables. Y esa violación es deleznable cuando proviene del Estado, habida cuenta de la superioridad técnica y moral que debiera tener –pero lamentablemente no tiene- en la contratación con los particulares.

Por último, no está demás relacionar ese incumplimiento de los pactos de Estado con los altos índices de corrupción administrativa. Porque el funcionario público delincuente se siente mucho más cómodo en sus prácticas espurias cuando se le permite ignorar la palabra empeñada por el Estado anteriormente. Al igual que los hongos en la humedad, la corrupción florece en un medio ambiente con la confianza quebrada, porque siempre se podrá volver atrás sin mayores consecuencias. Por eso, nuestro consejo: no contrate con el Estado argentino. Salvo que usted sea de los empresarios amigos, en cuyo caso, el orden jurídico no rasguñará siquiera las prerrogativas de su fuero personal (?) y podrá quintuplicar si fortuna tranquilamente.

Anuncios