El uxoricidio de María Marta García Belsunce

No voy a extenderme sobre las particularidades del asesinato de María Marta García Belsunce. Solo me interesa señalar que el principal acusado (Carlos Carrascosa, viudo de la occisa) fue absuelto del delito de homicidio calificado por el vínculo en primera instancia. Esa absolución fue recurrida por el fiscal de juicio y la apelación fue mantenida por el fiscal ante la Cámara de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires. La semana pasada, la Sala Primera del Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires, conformada por los doctores Carlos Angel Natiello, Horacio Daniel Piombo y Benjamín Ramón Sal Llargués, resolvió revocar la absolución de marras y condenar a Carlos Alberto Carrascosa a la pena de prisión perpetua, con accesorias legales y las costas del proceso, por resultar coautor penalmente responsable del delito de homicidio calificado por el vínculo.

Reconozco que la escritura, como bien le dijo Sócrates a Platón, está muerta; no nos habla más que por una parte, es decir, por medio de aquellas ideas que con sus signos nos comunica el espíritu; en cambio, en la viva voz hablan también el rostro, los ojos, el color, el movimiento, el tono de la voz, el de decir y tantas otras distintas pequeñas circunstancias que modifican y desarrollan el sentido general de las palabras y suministran tantos indicios a favor o en contra de lo afirmado en éstas. La lengua muda y la elocuencia del cuerpo, son más interesantes y más verídicas que las palabras. Con ellas, la verdad se puede esconder menos. Todos los signos enunciados se pierden en la muda escritura, faltando los más claros y ciertos argumentos. Por consiguiente, como no he presenciado el juicio y mi conocimiento de la causa se desprende de la escritura, hay muchas cosas que quedan fuera de mis sentidos.

No obstante, ello no me impide saber que para que haya homicidio según el Código Penal Argentino, tienen que cumplirse cuatro requisitos: (a) la acción de matar, que es la causación de la muerte de otra persona, (b) el resultado muerte de otro ser humano; (c) la relación causal que una necesariamente a la acción de matar con ese resultado muerte; (d) el autor del homicidio debe conocer que su acción produce la muerte de una persona, y además, debe haber querido tal resultado.

El homicidio de la cónyuge se conoce técnicamente como uxoricidio. Demostrado el vínculo matrimonial, la muerte de la mujer por su legítimo esposo es uxoricidio (art. 80, inc. 1º, Código Penal) como habría acontecido en este caso concreto. Utilizamos el potencial porque la sentencia de Casación que leímos íntegramente no está debidamente motivada. Eso genera en el pueblo la sensación de que se está haciendo justicia, empero, antes bien, se mistifica la realidad de los hechos.

Para que una sentencia esté bien motivada, debe ser ante todo, cognoscitiva. Nunca debe ser potestativa, por cuanto, esto último es producto de la autoridad y no de la razón. Por lo tanto, la sentencia del juicio debe vincular necesariamente el derecho que surja de la estricta legalidad y los hechos que surjan de la prueba de la hipótesis acusatoria sostenida por el fiscal. Lo que la república constitucional argentina exige en orden a la motivación de las sentencias se fundamenta en que todo juez que emplee contra miembros de la sociedad la fuerza que ella le ha confiado, debe rendir cuentas de las causas que le han movido a ello.

Para la sentencia de Casación, se encuentra acreditado en el expediente que Carrascosa: (a) negó el evidente hecho del homicidio de la esposa; (b) instaló la idea de un accidente doméstico; (c) urdió maniobras escalofriantes para encubrir a un supuesto accionar de un ignoto delincuente; (d) ubicó el cuerpo de la víctima en la bañera de la planta alta; (e) sumergió la cabeza de la víctima en la misma para diluir la sangre que manaba de las heridas; (f) borró los rastros de la sangre derramada en otros ámbitos; (g) desechó ropas y otros elementos ensangrentados; (g) realizó gestiones para bloquear la presencia de la autoridad policial; (h) acomodó el cadáver disimulando las heridas; (i) impidió el acercamiento al cuerpo de la víctima y al escenario de los hechos a ciertos allegados; (j) evitó que los empleados de la empresa funeraria manipulen y acicalen el cadáver. Todo ello puede ser verdad. Sin embargo, no prueba la acción de matar por parte de Carrascosa, tampoco prueba el resultado muerte de otro ser humano; menos aún prueba la relación causal que una necesariamente a la acción de matar con ese resultado muerte.

De allí colegimos que una vez mas, la justicia tuvo un accionar lúgubre. El juicio de marras no ha alcanzado efectivamente su fin jurídico, o sea, el de conducir al exacto conocimiento de la verdad. Al día de hoy no se sabe exactamente que ocurrió. Lo cual habla muy mal de los nóveles fiscales intervinientes. Y de la Sala Primera del Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires. No es que Carrascosa sea inocente. De lo que se trata es de que la justicia cumpla acabadamente su cometido. Condenando sobre la base de pruebas del expediente. O absolviendo en caso contrario.

Empero, lo que mas nos llama la atención es la conducta de Horacio García Belsunce [padre], quien desde el primer día defiende a su yerno. Es uno de lo mejores abogados de Argentina. Fue profesor desde 1956 a 1984 de la cátedra de Finanzas Públicas y Derecho Tributario de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Fue también Director de la Carrera de Postgrado en Derecho Tributario de la Universidad de Buenos Aires. Es miembro de la Academia Nacional de Derecho. Poca gente en nuestro país sabe mas de Derecho Tributario, de Garantías Constitucionales del Contribuyente y de Derecho Penal Tributario. Es una verdadera eminencia de consulta internacional. Empero, la vida es a veces inclemente y despiadada con gente de valía superlativa como el nombrado. Y los crímenes mas horrendos no discriminan clases sociales. No obstante, jugando todo su prestigio, Horacio García Belsunce [padre] no ha hablado a los medios ni una sola vez desde el homicidio de su hija. Y por vía elíptica, ha consumado una conducta judicial de favorecimiento real a su yerno.

Tal vez el silencio haya sido la mejor estrategia. Todas las miradas dirigidas sobre una persona lo desconciertan si tiene un plan de impostura: percibe que la mentira puede encontrar un contradictor en cada uno de los que lo escuchan. Tanto una fisonomía que le es conocida como otras mil que no conoce, lo inquietan por igual y se imagina, a pesar suyo, que la verdad que trata de ocultar surgirá del seno de sus palabras públicas. O tal vez, Carrascosa sea efectivamente inocente (?).

Anuncios