La conducta maliciosa de un jugador de fútbol para forzar su despido indirecto

Vuelvo sobre el mismo tema que me preocupa por estos días: el CONVENIO COLECTIVO DE TRABAJO 557/2009 que complementa la reglamentación de la Ley 20.160 respecto de los jugadores de fútbol profesional argentinos.

En particular, habré de referirme al inciso b) del artículo 13° del citado Convenio Colectivo, que es el que están invocando los jugadores Agustín Orión y Cristian Tula para forzar la extinción de sus contratos de trabajo que los vinculan con San Lorenzo de Almagro.

El citado inciso dispone que “ante la falta de pago de un mes de sueldo, o uno de los premios pactados, o una parte de la prima o del sueldo anual complementario o de cualquier otro rubro remuneratorio, convenido en contrato registrado o no, el futbolista, por sí, o por intermedio de FAA, intimará al club el pago dentro de los dos días hábiles, por telegrama colacionado o carta-documento, con precisión del monto adeudado”.

Continúa diciendo el artículo en cuestión que “si dentro de dicho plazo el club no depositara la totalidad de lo adeudado en la sede de FAA o no presentare recibos ajustados a lo prescripto por la LCT que acrediten el pago reclamado ante FAA, el futbolista podrá dar por resuelto su contrato por culpa del club, siendo acreedor a las remuneraciones devengadas hasta la fecha de la resolución, con más la totalidad de los montos indemnizatorios contemplados en el art. 15° del presente Convenio Colectivo”.

Como se advierte, la norma usa el verbo “podrá”, queriendo establecer una facultad para el jugador. Sin embargo, la citada disposición no puede escindirse de las normas que rigen el contrato de trabajo de todo el resto de la clase trabajadora argentina. En efecto, la buena fe también es norma rectora en las relaciones laborales y se encuentra consagrada en el art. 63 de la Ley de Contrato de Trabajo. Y la buena fe tiene en el derecho laboral el mismo sentido que en el derecho civil. Porque ni la ley ni sus intérpretes pueden amparar la conducta abusiva de quien obra para quebrar un vínculo con proyecciones indemnizatorias en virtud de una injuria cuya gravedad no hacía imposible mantener el vínculo.

En tal sentido, la buena fe y la confianza entre las partes constituyen condiciones sine qua non para que las relaciones puedan desarrollarse en forma armónica, permitiendo a cada una de ellas cumplir acabadamente con sus obligaciones para llevar el contrato hacia el fin previsto. Tan es así, que el concepto romano de “buen padre de familia más o menos diligente” referido por Velez Sarsfield en la nota al art. 512 del Cód. Civil, se proyecta al art. 63 del régimen del contrato de trabajo cuando habla de la conducta de un buen trabajador, que como todo concepto general y abstracto obliga a atender a las circunstancias de personas, tiempo y lugar de acuerdo a la fórmula usada en la redacción del art. 512 citado. Toda vez que el principio de buena fe contemplado en el art. 63 de la Ley de Contrato de Trabajo al que deben ajustarse las partes tanto al celebrar, ejecutar o extinguir el contrato, tiene como propósito flexibilizar en parte la aplicación de las distintas instituciones reguladas por ella misma para lograr con ello mayor plenitud en el cumplimiento de las finalidades para las que han sido previstas. ¿Qué otra importancia tiene el principio de buena fé? Del principio de buena fe puede extraerse como directiva general a la cual han de adecuar su conducta tanto empleadora como dependiente, el deber de actuar con claridad teniendo en mira la subsistencia del vínculo contractual y además acordando siempre a la otra parte la posibilidad que enmiende el error en que pueda haber incurrido la otra parte. La jurisprudencia, inveteradamente, ha dicho que la omisión del pago de haberes no configura injuria en los términos de la ley cuando media conducta maliciosa por parte del trabajador para forzar su despido indirecto.

Agustín Orión es un jugador surgido de las divisiones inferiores de San Lorenzo de Almagro. Su nombre en el fútbol argentino fue dado por la citada institución de Boedo. Por su incuria dentro del campo de juego, fue repudiado por los hinchas azulgranas. Eso hizo que el arquero quiera dejar la institución. A cualquier precio. Porque Orión está firme en su deseo de irse y ni siquiera le importa la cancelación de la deuda. De modo tal que su conducta abusiva es para quebrar el vínculo, ni siquiera para obtener proyecciones indemnizatorias. Por la pavura que le provoca enfrentar a la propia parcialidad que lo repudió, quiere irse, aunque eso le signifique perder plata. Ese es un ejemplo de manual repudiado por la ley, porque media conducta maliciosa por parte del trabajador para forzar su despido indirecto. Aunque se le debieran 50 centavos de peso, invocaría el inciso b) del artículo 13° del Convenio Colectivo 557/2009. Y eso es inadmisible para la justicia argentina, porque hay un desvío de la causa fin del acto jurídico, para simular una cosa, cuando en realidad, lo que se quiere es obtener otra. Siendo eso, justamente, contrario al deber de Orión de actuar con claridad teniendo en mira la subsistencia del vínculo contractual.

¿Qué pasará de aquí en mas? Los jugadores de fútbol van a seguir utilizando indiscriminadamente el inciso b) del artículo 13° del Convenio Colectivo 557/2009. Hasta que algún tribunal laboral ponga las cosas en su lugar. Porque no van a faltar jugadores que, a sabiendas que el Club empleador no puede cumplir, intimarán para quedarse con el pase en su poder. Y no van a faltar clubes, tampoco, que al momento de firmar los contratos laborales de los nuevos futbolistas, les hagan firmar recibos en blanco “acorde a la ley laboral” (?) para evitar este tipo de maniobras abusivas.

Para cerrar, a jugadores como el nombrado, habría que recordarle lo que dijo Sófocles hace varios miles de años: “es preferible perder con honor que triunfar con fraude.”

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