Crónica del deceso de los Decretos de Necesidad y Urgencia en Argentina

La presidente de la Nación dictó el Decreto de Necesidad y Urgencia Nº 2010/09, que creó el Fondo del Bicentenario.

Como no consiguió los votos en el Senado para la ratificación legislativa del citado decreto, dictó el Decreto de Necesidad y Urgencia Nº 296/10, y de ese modo derogó el decreto de Nº 2010/09.

Hasta aquí, un sainete típico argentino. Justo lo contrario a lo que pasaría en cualquier país serio. Empero, lo infame estaba por comenzar. Anteayer, cuando inauguraba las sesiones del Congreso, como según ella “no podía seguir los trámites ordinarios de una ley” (?), dictó el Decreto de Necesidad y Urgencia 298/2010, que es una copia textual del Decreto de Necesidad y Urgencia Nº 2010/09. Lo único que cambia es la numeración.

Como buena demócrata, molesta por la publicidad de los actos de gobierno, ordenó que el decreto de marras se incluyera en una separata del Boletín Oficial. Y que empezara a regir el mismo día de su publicación.

Evidentemente, la presidenta de la Argentina está decidida a seguir dando causa para ser removida por juicio político. No es que sea lo aconsejable, pero la inhabilidad para ejercer el poder -o para cumplir con las formas de los procedimientos republicanos- cada vez es mas notoria y manifiesta.

Todo esta triste comedia, parece representada un mono antropomorfo (?) y es imposible de ser explicada a gente que vive en países de otras latitudes. La republiqueta bananera africana mas jarca, tiene mejor institucionalidad que Argentina. Lo que implica que sería incapaz de llegar a tanto desmadre como llegamos nosotros.

La Corte Suprema asustadiza que tenemos, también contribuyó con lo su rol en la comedia. Tenía a estudio una causa por la que se había suspendido el Decreto de Necesidad y Urgencia Nº 2010/09. Como el citado decreto se encuentra derogado, la Corte decretó abstracto e inoficioso cualquier pronunciamiento sobre la cuestión.

Nuevamente, la cabeza del Poder Judicial cometió otro acto cobarde. Según nuestra opinión, debiera de haber dictado sentencia de todas menaras –aunque el decreto hubiera sido derogado- porque existía un clarísimo caso constitucional, en la medida en que la cuestión federal estaba relacionada con un interés institucional que subsiste al momento del dictado de la sentencia. En efecto, se puso en tela de juicio el ejercicio que la presidente efectuó de las facultades que le otorga el art. 99 inciso 3 del texto constitucional, lo cual imponía la necesidad imperiosa de una interpretación de la Corte Suprema debido a la importancia institucional que reviste la cuestión debatida.

Nada de ello hizo la Corte Suprema. Antes bien, aunque se encontraba en juego la propia autoridad de la Corte, prefirió eludir de intervenir en la cuestión. Ello sienta un gravísimo precedente pues, en el futuro, le bastará al Poder Ejecutivo ir derogando los decretos de Necesidad y Urgencia minutos antes de que la Corte se expida sobre ellos, para lograr frustrar sine die toda decisión en asuntos que revisten gran importancia para el pleno desarrollo de las instituciones democráticas. Ello es altamente censurable para el vida democrática argentina por cuanto, a más de lo expuesto, la Corte Suprema ya había dictado sentencias en casos abstractos aduciendo que debía pronunciarse sobre las cuestiones constitucionales que se plantean susceptibles de repetición y que de otra forma quedarían sin resolución (cfr. doctrina de Fallos: 316:479, cons. 5º y 6º del voto de los jueces Belluscio y Petracchi).

Respaldamos y apadrinamos que, con urgencia, en el lapso mas breve posible, la Corte Suprema Nacional dicte una fallo ejemplificador, acotando y limitando hacia el futuro el dictado de esas crisálidas constitucionales que son los Decretos de Necesidad y Urgencia. Ojalá que la picardía de la presidente, conforme a esta prognosis, le cueste carísima a los próximos presidentes constitucionales por virtud de la sentencia que limite el dictado de los Decretos de Necesidad y Urgencia a los casos constitucionales (ataque exterior o conmoción interior). Verbigracia, que los presidentes solo puedan dictar Decretos de Necesidad y Urgencia cuando nos invada Brasil (?) o cuando haya un terremoto o un tsunami (?). En ese momento, cuando los presidentes solo dicten este tipo de Decretos en casos excepcionalísimos, tendremos una República un poco superior a la que nos toca vivir hoy día.

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