Hacer cosas, cambia las cosas

Hoy es un día importante. Pocas veces la vida nos pone frente a un hecho histórico. Y mas escasas aún son las ocasiones, que sabemos de antemano, que van a constituir una gesta de esas que se recuerdan por generaciones.

Durante todas las décadas de 1980, 1990 y 2000, no pude pasar por la puerta de Avenida La Plata al 1700. Me dolía el alma. Era capaz de dar un rodeo de varias cuadras, solo para no enfrentar el ignominioso emplazamiento de ese supermercado. Que entró en Argentina gracias a nuestro nombre e historia. En mi pueril visión, la negación que tenía para con transitar delante de esas parcelas, se vinculaba con no poder desprenderme del todo de esas manzanas que albergaron gloria. Prefería no ver el nombre de ese mercado asociado a mi divisa.

En el año 2008, tuve que ir a comprar unas entradas, de esas que no se consiguen regularmente, para partidos definitorios, a la pizzería San Antonio. Por primera vez, desde 1982, volví a pasar por la puerta de Avenida La Plata al 1700. Y hasta me saqué una foto. Había una pintada que decía “Vamos a volver a Boedo”. Eso todavía era una ilusión.

Algo cambió desde ese momento. Hubo un punto de inflexión. Una divisoria de aguas. La ilusión se convirtió en algo concreto. Y las cosas son imposibles, hasta que alguien las vuelve realidad. Porque hacer cosas, cambia las cosas. Mientras que la nostalgia, por el contrario, nunca modifica el statu quo. Hasta la semiótica cambió. Las masas ya no cantaban “volver a Boedo, esa es mi ilusión”. El grito de utopía mutó en un “te juro que no voy a parar hasta volver a Boedo”. Había un curso de acción concreto a seguir.

Sigo pasando por la puerta de Avenida La Plata al 1700. Ahora miro al supermercado con una media sonrisa irónica. Me acuerdo cáusticamente de cuando éramos locales en Huracán, y desde la voz del estadio, nos ponían falsas publicidades de Carrefour. O de lo inflexibles que se mostraron todos estos años los directivos de la firma francesa para negociar con el club una eventual compraventa de las tierras. Me acuerdo de esas, y de muchas otras cosas, al tiempo que me sube la sensación de mordacidad.

Hoy me tendría que quedar trabajando hasta tarde. Sin embargo, me voy a ir un rato antes del trabajo. Voy a estar en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Junto a otros miles de hinchas de San Lorenzo de Almagro. Para decir y significar, con mi presencia, que la gente de San Lorenzo sabe de hazañas. Y que si no es ahora, será mañana. O pasado. O el año que viene. Pero Avenida La Plata 1700 va a volver a ser tierra santa. Porque hacer cosas, cambia las cosas.

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