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Jerkin it, officer!

Hace un bienio escribimos este artículo. Ahora, resulta que un oficial de la TSA fue sorprendido masturbándose en su cabina del escáner corporal cuando pasaba una grupo de agraciadas señoritas, muchas de ellas menores de edad, en el aeropuerto de Denver, Colorado (la noticia, en inglés, acá).

Sustuvimos antes que esos escáners son gravemente violatorios del derecho a la intimidad, a la privacidad y al derecho a decidir a quien mostrar la propia desnudez. La TSA va a tener que revisar esa política invasiva de pudor de los viajeros, porque el loable fin de detectar terroristas no justifica las vejaciones de millones de viajeros inocentes. Máxime, en aeropuertos como los de Miami u Orlando, donde el público que por allí transita es mayoritariamente menor de edad. En Argentina, por fortuna, no se cuenta con esa tecnología. Sin embargo, creemos que el Poder Judicial, de instaurarse estos escaneos corporales porpios del estalinismo, no toleraría semejante invasión a la privacidad.

Desnudo en Pelotas Airport (?)

Hemos tenido la ventura de ser escaneados recientemente por el mas moderno aparatejo del Aeropuerto Internacional de Miami. Otro tanto nos ocurrió en el Dulles International Airport de Washington D.C. la semana anterior.

Sabemos que el Estado tiene derecho -y hasta la obligación- de velar por la seguridad en un aeropuerto. Empero, ese derecho no puede ser ejercido irrazonablemente y encuentra límites precisos que no debieran franquearse. Esos límites precisos a los que nos referimos vienen dados por el derecho a la privacidad de los pasajeros.

El problema finca en que esos escáners de última generación (de la marca General Electric) que son de tránsito obligatorio dejan al escaneado literalmente desnudo en el monitor del agente de policía aeroportuaria (TSA según sus siglas en inglés) porque pueden verse los órganos sexuales -por suerte nos agarró bañados (?)- y todo otro detalle del cuerpo humano tapado por las ropas.

El fin con que dicen usar estos aparatos -que desnudan a la gente mas rápido que el whisky (?)- es el de buscar armas y explosivos ocultos. Raro hubiera sido el hallazgo de municiones en nuestro caso porque estabamos vestidos con una remera gris de algodón y un short de fútbol, de manera que no teníamos donde esconder la granada (?). Dentro del cubículo, ondas electromagnéticas de una energía diez mil veces menor a la de un celular rotaron alrededor de nuestro cuerpo, creando una imagen tridimensional en el monitor de TSA. La conclusión, por cierto, fue que nada peligroso portábamos (al menos, para la seguridad del aeropuerto o la aeronave).

La situación coyuntural tampoco ayudó para la seriedad de la elección de los pasajeros a escanear. De una fila de mas de cuarenta personas, los agentes de la TSA elegieron a una rubia curvilínea de mas de un metro setenta centímetros de estatura, a otra brasileña atractiva, a una argentina muy bonita según los cánones de belleza occidental imperante y a quien esto escribe. Parece que no todos los oficiales de la PSA se ven atraidos por mujeres (?). Todo esto, valga aclararlo, se dio en un contexto risueño de parte de los agentes de seguridad, que hacían chistes entre ellos sobre cada uno de los escaneados. No creo que por el tamaño de mi miembro (?) -cuyo conocimiento o divulgación significa un peligro potencial para mi intimidad porque todas las mujeres van a querer conocerme (?)- sino antes bien, debe haber sido porque la máquina viene a suplantar su escasez de idoneidad e inteligencia, lo cual los pone rebosantes de felicidad porque en América, aún los sin luces, todos pueden tener trabaj .

A esta altura de los acontecimientos, no caben dudas que fuimos requisados corporalmente por vía electrónica por el Estado. Lo mas llamativo de todo esto es que el Estado nos exige exhibir en sus monitores detalles altamente personales de nuestros cuerpos tales como mastectomías, colonoscopías, implantes peneanos, tubos de catéterismo y, por qué no, el tamaño de nuestros pechos u órganos genitales como requisito previo a subir a un avion (?). Por el contrario, nuestra idea era reservar esos contenidos del conocimiento de terceros. Algún simpático va a decir que para subir al avión hay que ir con el ticket de pre-embarque y una foto del pene en la mano (?).

La intimidad disfruta de raigambre constitucional expresa en nuestro país. Ella emana en Argentina del art. 19 de la Ley Fundamental, al disponer que las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados. En EEUU, si bien no goza de protección constitucional, se entiende que es uno de los derechos implícitos. La Supreme Court ha garantizado como derecho implícito a la privacidad el que permite oponerse contra toda intrusion gubernamental en el célebre caso Griswold v. Connecticut del año 1965. Por lo demás, la Cuarta Enmienda de la Constitución -dentro de lo que se conoce como Bill of Rights- es enteramente aplicable al caso de los registros electronicos que se practican en los aeropuertos. El texto es el siguiente “The right of the people to be secure in their persons, houses, papers, and effects, against unreasonable searches and seizures, shall not be violated, and no warrants shall issue, but upon probable cause, supported by Oath or affirmation, and particularly describing the place to be searched, and the persons or things to be seized“. Por eso es facil colegir que el registro electrónico por vía de escaner en los aeropuertos conculca la cuarta enmienda de la Constitución Estadounidense porque es practicada sin orden judicial.

Además de los óbices constitucionales que encontramos por vicio de irrazonabilidad al uso del escaner (es inadmisible que se ultraje a millares de personas durante meses para aventar el riesgo eventual de que algún terrorista quiera pasar un explosivo entre sus ropas), también encontramos otro problema legal: el derecho a la propia imagen
que protege la ley 11.723. La imagen de nuestro cuerpo que aparece en el monitor de la PSA nos pertenece por imperio legal. Y la curiosidad malsana de PSA tambien afecta nuestro derecho a la propia imagen y nuestra dignidad por fotografíarsenos sin nuestro consentimiento. Nada agrega a la ilicitud de la conducta de la PSA que las fotografías se borren rápidamente una vez que pasamos en puesto, por la conducta ilícita no se exonera por el posterior borrado.

En suma, George Orwell en 1984 se quedó corto con sus presagios. El Estado cada vez se inmiscuye -de las mas avariadas formas- en la vida de los seres humanos bajo su yugo. En este caso, gracias a la “habitación 101” que han destinado para escanear a los aeronavengantes en los aeropuertos del país. Por eso, la lucha que viene, es la de la dignidad del ser humano contra todos estos evidentes abusos estatales. Para que el futuro no sea la distopía que es vivimos hoy.